Abril 2026 — Limbo
Estoy un poco en pausa, pero está bien
Este mes el newsletter llega un poco tarde porque, para sorpresa de nadie, Marzo ha sido un mes caótico. Por fin pude empezar a atravesar mis duelos, pero se le sumó uno más: la falta de trabajo. Quedarse ‘en pampa y la vía’, como decimos en Argentina, es estresante. Hacer entrevistas, recibir rechazos, avanzar y esperar respuestas se sienten como si no tuviera en control (porque no lo tengo, duh) y los que tenemos ansiedad sabemos cómo nos llevamos con la pérdida del control... como el tujes :P
A veces me como el verso de la manifestación y me doy con un látigo porque no puedo poner mi vida en pausa por no tener trabajo. Me digo que debería estar pensando en positivo, que hay personas que están peor que yo, que no puedo dejar mi vida en pausa hasta saber cuándo volveré a tener trabajo. Pero al mismo tiempo no puedo negar esa sensación en el pecho que me dice que “todo está en pausa hasta que”. Sería hipócrita negar mis propios sentimientos. Puedo mantener la mente positiva, pero no puedo negar que no tengo en este momento la sartén por el mango y eso me hace sentir como que estoy sobre arenas movedizas.
Lo que me tranquiliza un poco de todo esto es que ya pasé por lo mismo y se que tarde o temprano voy a salir de esta mala racha. Tanto lo bueno como lo malo termina — y en este caso lo que siento es que se va a dar.
En otro orden de cosas, ayer, en mi visita matutina al baño (sí, soy de las personas que reemplazaron el diario o la revista por TikTok), me encontré con una cuenta que me llamó mucho la atención.
Es de una mujer de unos sesenta y pico que habla sobre la vida y da consejos a personas más jóvenes. Justo el video que vi estaba dirigido a gente de treinta. Decía algo muy simple, pero muy incómodo: que no sabemos lo que tenemos. Que lo que estamos viviendo ahora, cuando tengamos sesenta, va a ser un recuerdo al que vamos a querer volver… y no vamos a poder. Que en algún momento vamos a mirar nuestra vida a los treinta y pensar: “¿Por qué pensaba así de mí? Si lo tenía todo. Era joven, tenía energía, era hermosa…”
Y eso me hizo pensar en mis veinte.
Cada tanto vuelvo a esa época, sobre todo cuando miro fotos. Y siempre me pasa lo mismo: pienso que, aunque estaba viviendo un infierno en muchos sentidos, no tenía idea de lo bien que me iban algunas cosas. No sabía que lo que venía después iba a ser más difícil. Recuerdo odiar mi cuerpo porque sentía que no podía cambiarlo. Recuerdo sentirme fea, gorda (perdón, pero acá hablo a calzón quitado; no voy a ser la primera ni la última mujer argentina con problemas de imagen corporal) y desproporcionada.
Ahora, a los treinta, peso un poco más y no voy a mentir: me encantaría tener ese cuerpo que tenía a los veinte y tanto amaba odiar. No sabía lo que tenía. No sabía apreciarme.
Pregunta bastante incómoda… ¿qué es lo que hoy tampoco estoy sabiendo ver?
Porque si algo me enseñó mirar hacia atrás es que siempre hay algo que después vamos a extrañar. Entonces tal vez el ejercicio no sea cambiar el pasado, sino hacer un esfuerzo consciente en el presente por honrar lo que sí tengo, aún cuando no me queda cómodo: mi cuerpo, mi energía, incluso mi situación laboral.
Sí, es angustiante estar sin trabajo y navegar la incertidumbre. Pero también, si miro hacia atrás, recuerdo que la primera vez que pasé por esto fue una de las etapas más creativas de mi vida y también donde más crecí.
Un pensamiento más...
Como siempre que me gusta mucho un creador de Tiktok, me metí de lleno a ver más videos de esta mujer y... ¿qué decirles? Fue una bocanada de aire fresco. Hay algo que tienen las personas mayores, y es que al no haber vivido con redes sociales su ritmo es mucho más pausado. No tienen prisa, saben a dónde quieren llegar con su mensaje de manera orgánica, y no necesitan ganchos ni cortes cada 2 segundos para hacerte llegar su mensaje y generar una emoción.
Muchas veces nos dicen que tenemos que escuchar a los mayores por su sabiduría. Y también muchas veces he oído que sus consejos no sirven de nada porque el mundo que nosotros vivimos es muy distinto al que vivieron ellos. ¿Pero no les pasa que las experiencias mal que mal son las mismas? Un corazón roto, un despido en un trabajo, la desesperanza ante una guerra, la incertidumbre de nuevas tecnologías, las crisis existenciales, la vocación... ¿no suena, el algún punto a historia repetida?
Ver los videos de esta señora me hizo sentir tonta por seguir los consejos de personas rotas de mi edad online. Porque así es como estamos: rotos. ¡Y deberíamos estarlo! Nos estamos rearmando. No nos pido más. Pero me da gracia (y hasta un poco de ternura) cómo aceptamos sin cuestionar consejos de personas que están igual de rotas que nosotras… y que, a veces, terminan desviándonos más de lo que nos ayudan.
“I think the internet attracts lonely and hurt people together to kind of post their way through their pain”
Creo que internet atrae a personas solitarias y heridas, y las junta para que, de alguna manera, publiquen su forma de atravesar el dolor.”
No quiero minimizar el valor que tiene encontrar gente afín atravesando situaciones similares a las mías. Es sanador, en parte, conectar con personas que entienden el dolor por el que estoy pasando. Pero cada vez estoy más convencida de que, cuando se trata de orientación real, tiene más sentido escuchar a quienes ya atravesaron eso y lograron salir del otro lado.
Algunos highlights del mes






Cosas que me entusiasman para Abril
Colchón nuevo. El que tenemos está en las últimas1 y a fin de mes nos llega el nuevo 🙌
Conseguir trabajo? Qué pobrecita que sueno hahaha ¡pero es verdad!
Se salió un resorte de uno de los costados, el mío, y me hizo mierda la pierna una mañana 🫠





